martes, 10 de abril de 2007

El origen de mi tragedia

No quiero escribir más sobre los terremotos. No quiero saber más de este diario/blog/un gran porcentaje de mi nota de comunicación que ha transformado una tarde dedicada al sueño en un sueño tormentoso del cual no quiero ser partícipe. Deseo que todo sea “arrasado por el viento y desterrado de la memoria de los hombres” (Garcia Marquez, “Cien Años de Soledad”, página 471). Las integrales me persiguen, Nietzsche me agobia, las teorías de motivación me asfixian, prefiero no tener derechos fundamentales a tener aprendérmelos. No quiero saber de las vibraciones terrestres, mucho menos explicarlas. Es tarde ya, el dulce sonido de las chicharras me guía hasta mi almohada, pero no puedo ceder a esta tentación terrenal. La responsabilidad cultiva mis ojeras, hace esperar el descanso. Descanso que va a ser interrumpido por los gallos que en el cantar de la mañana incitarán mi despertar. Todo esto por que la maldición de la desgracia cae sobre mí. El día que necesito hacer este trabajo, Accesat, motor de esta labor, llave que abre la puerta al desarrollo del blog que maldice mis capacidades, no funciona. ¿Será esto Dionisiaco? ¿Seré yo victima de la tragedia? ¿Acaso a alguien le importa? Todo este conjunto de eventos desafortunados que agravian mi existencia se reducen a una cosa: necesito un cigarrillo.

Así habló Zebastián

1 comentario:

Adriana dijo...

DRAMA QUEEN!!!

No mentiras, la prox vez te acompano en ese cigarrillo...
Para q veas q a mi si me importa y no te quiero ver consumido en esta "gran tragedia"

ps: me gusta tu blogg