lunes, 9 de abril de 2007


La madre de Alejandra Villafañe, amiga cercana con la que estudié los últimos años de colegio, compró un apartamento en un edificio en la avenida Roosevelt llamado Torres de la Plazuela. Pocos días después de la compra, el terremoto que devastó las estructuras de la Clínica Materno Infantil fracturó las columnas del edificio y Aleja apenas alcanzó a pisar su nuevo hogar. El edificio, ya viejo, no contaba con los parámetros establecidos por plantación de prevención de sismos, causándole daños permanentes que requerían de extensiva reparación y reconstrucción. Todo pudo haber sido prevenido desde un principio. Hace unos meses, tres años después de lo ocurrido, todo este tiempo pagando doble administración, Aleja piso el apartamento que debió haber pisado mucho tiempo antes. Son casos como estos los que cuestionan la aplicación de los parámetros de prevención de los daños causados por los terremotos en las edificaciones caleñas….

Cuenteo Sísmico 2





Segunda lección sobre los mitos urbanos de los terremotos: el calor NO influye sobre los terremotos y viceversa. Eso es cuento macondiano.

NOTA: Más tarde entenderán por que el profesor tenía razón con su fórmula de la entrada anterior. Hay que caminar antes de aprender a correr.

Cuenteo Sísmico

Siempre tuve entendido que un terremoto era más fuerte que un temblor, pero que ambos eran sismos. Viví engañado pero feliz hasta los 19 años, cuando el profesor Elkin de Jesús Hurtado, P.H.D, nos explico la siguiente formula:

Terremoto = Sismo = Temblor.

“¡Los tres son la misma vaina!”

Anonadado, busque en el diccionario de la REA que ofrece Encarta la definición de las tres palabras. La definición de temblor dictada era “Terremoto de escasa intensidad”. Con una sonrisa que irradiaba el placer de corchar al profesor (apenas en la segunda clase), le entregue el papel con la definición. El hombre de baja estatura, humilde, de piel oscura, brackets y siempre forrado con camisetas a cuadros solo se rió.
“Eso no es verdad”, reitero. En el momento no entendí, pero ahora, dos meses después, acepto que él tenía la razón.